Philip Glass
Posted by Ignotum | Posted in música | Posted on 17:56
Hasta los 41 años, Philip Glass difícilmente costeaba su vida de padre de familia con la música. Cada vez que componía pensaba en el próximo trabajo extra que podía emprender para atender las necesidades pecuniarias. "Buscaba labores rápidas, pero que pudiera dejar en cualquier momento: también debía tocar con mi grupo y salir de giras. Hice de todo, desde gásfiter hasta chofer de taxi", recuerda el compositor estadounidense.
A los 73 años, Glass se ubica en el panorama musical contemporáneo como uno de los músicos doctos más populares de los últimos 30 años. Su estilo único y su gusto por las formas melódicas lograron una sintonía con el público joven que jamás obtuvieron compositores de generaciones anteriores, como Pierre Boulez, John Cage o Elliott Carter.
El término "minimalismo" vino a definir desde fines de los 60 el tipo de composiciones que Philip Glass, Steve Reich y John Adams comenzaron a crear en la época. Se trató de obras que se desarrollaban a partir de un sólo patrón musical, capaz de repetirse y desarrollarse a modo de mantra y que en el caso de Glass tenía directa influencia de las tradiciones hindúes y tibetanas.
Hasta el día de hoy se califica como minimalista este tipo de música, aunque ninguno de sus ilustres representantes acepte ya esta noción. "El minimalismo es una buena palabra para hablar de lo que compuse entre 1967 y 1977. Sin embargo, hay más de 30 años de música después de ese período que no tiene nada que ver con esa definición. Entiendo que en los diarios tienen que escribir rápido y hablar de mi música en términos simples", explica Glass por teléfono, desde su casa en Nueva York. "El problema es cuando se transforma en una palabra genérica que se refiere a todo lo que hago".
Glass se presentará por primera vez en Chile desde el viernes 8 al domingo 10 de octubre en el Teatro Municipal junto a su grupo, el Philip Glass Ensemble. En los shows hará un generoso recorrido por su trayectoria tocando desde piezas que ya tienen 40 años hasta trabajos actuales. En ese espíritu abierto y que busca sintonizar con sus seguidores de los viejos y los nuevos tiempos, el compositor no hará omisiones a sus inicios. "Tocaremos obras de los 70, como Música en 12 partes, o fragmentos de la ópera Einstein on the beach. No tengo problemas en hacer obras que corresponden al período exacto en que era un minimalista", explica el compositor, quien además es pianista y tecladista.
Responsable de una ingente obra que incluye ocho sinfonías, 10 cuartetos, más de 10 óperas y 30 bandas sonoras, Glass logró desde temprano romper las elitistas barreras de la música docta y llegar a un público mucho mayor que el de los teatros.
"Mis primeras obras cayeron muy mal entre los críticos y el ambiente académico en Estados Unidos dominado aún por el serialismo y el dodecafonismo. A mí ese tipo de música nunca me interesó", cuenta.
"Sin embargo, siempre encontré una gran respuesta del público. Mi música tenía una gran ventaja: no necesitaba esperar a que otros intrerpretaran mis obras. La componía y la podíamos tocar inmediatamente con el grupo", añade.
Glass, la copia y el cine
Nacido en una familia de clase media de Baltimore, donde la música siempre fue el alimento espiritual (su padre tenía una tienda de discos), Glass pasó por muchas escuelas antes de desarrollar su propia voz. Primero estuvo en Juilliard (Nueva York), luego en París, la India y finalmente recaló otra vez en la Gran Manzana.
"No me fue bien de la noche a la mañana. Retorné a Estados Unidos a fines de los años 60 y me tomó cerca de 10 años para que me tomaran en serio. Luego vinieron otros 10 años más hasta que pude vivir totalmente de la música", recuerda.
Su música ha tenido una influencia considerable y en muchos casos ha sido objeto de imitaciones flagrantes. "Estoy acostumbrado a la copia. Hace 25 ó 30 años que lo vienen haciendo, sobre todo en música de películas. Quizás sucede porque las composiciones que hacía en mis inicios eran muy fáciles de copiar y todo el mundo lo hacía", sostiene.
Sobre la música de películas tiene opiniones más encontradas y es el único momento en la conversación en que su ánimo se contraría.
¿Le resulta incómodo trabajar en Hollywood?
Hacer bandas sonoras es un trabajo difícil. Te encuentras con una situación paradójica, pues en Hollywood hay gente increíblemente talentosa (directores, guionistas, directores de fotografía), pero al final es el mercado el que decide si tu soundtrack sirve o no. Y esto significa tener que dialogar con tipos que no tienen la mínima idea de lo que es música y que te dicen cómo escribirla. ¡Una locura! De mis 30 composiciones para el cine, sólo rescataría 10. Eso sí, en ese grupo están mis colaboraciones con Martin Scorsese (Kundun), Paul Schrader (Mishima), Peter Weir (The Truman Show), Stephen Daldry (Las horas) o Errol Morris (Niebla de guerra). Pero es una constante y siempre los grandes compositores que crearon para el cine tuvieron el mismo problema, desde Sergei Prokofiev hasta Leonard Bernstein.
A los 73 años, Glass se ubica en el panorama musical contemporáneo como uno de los músicos doctos más populares de los últimos 30 años. Su estilo único y su gusto por las formas melódicas lograron una sintonía con el público joven que jamás obtuvieron compositores de generaciones anteriores, como Pierre Boulez, John Cage o Elliott Carter.
El término "minimalismo" vino a definir desde fines de los 60 el tipo de composiciones que Philip Glass, Steve Reich y John Adams comenzaron a crear en la época. Se trató de obras que se desarrollaban a partir de un sólo patrón musical, capaz de repetirse y desarrollarse a modo de mantra y que en el caso de Glass tenía directa influencia de las tradiciones hindúes y tibetanas.
Hasta el día de hoy se califica como minimalista este tipo de música, aunque ninguno de sus ilustres representantes acepte ya esta noción. "El minimalismo es una buena palabra para hablar de lo que compuse entre 1967 y 1977. Sin embargo, hay más de 30 años de música después de ese período que no tiene nada que ver con esa definición. Entiendo que en los diarios tienen que escribir rápido y hablar de mi música en términos simples", explica Glass por teléfono, desde su casa en Nueva York. "El problema es cuando se transforma en una palabra genérica que se refiere a todo lo que hago".
Glass se presentará por primera vez en Chile desde el viernes 8 al domingo 10 de octubre en el Teatro Municipal junto a su grupo, el Philip Glass Ensemble. En los shows hará un generoso recorrido por su trayectoria tocando desde piezas que ya tienen 40 años hasta trabajos actuales. En ese espíritu abierto y que busca sintonizar con sus seguidores de los viejos y los nuevos tiempos, el compositor no hará omisiones a sus inicios. "Tocaremos obras de los 70, como Música en 12 partes, o fragmentos de la ópera Einstein on the beach. No tengo problemas en hacer obras que corresponden al período exacto en que era un minimalista", explica el compositor, quien además es pianista y tecladista.
Responsable de una ingente obra que incluye ocho sinfonías, 10 cuartetos, más de 10 óperas y 30 bandas sonoras, Glass logró desde temprano romper las elitistas barreras de la música docta y llegar a un público mucho mayor que el de los teatros.
"Mis primeras obras cayeron muy mal entre los críticos y el ambiente académico en Estados Unidos dominado aún por el serialismo y el dodecafonismo. A mí ese tipo de música nunca me interesó", cuenta.
"Sin embargo, siempre encontré una gran respuesta del público. Mi música tenía una gran ventaja: no necesitaba esperar a que otros intrerpretaran mis obras. La componía y la podíamos tocar inmediatamente con el grupo", añade.
Glass, la copia y el cine
Nacido en una familia de clase media de Baltimore, donde la música siempre fue el alimento espiritual (su padre tenía una tienda de discos), Glass pasó por muchas escuelas antes de desarrollar su propia voz. Primero estuvo en Juilliard (Nueva York), luego en París, la India y finalmente recaló otra vez en la Gran Manzana.
"No me fue bien de la noche a la mañana. Retorné a Estados Unidos a fines de los años 60 y me tomó cerca de 10 años para que me tomaran en serio. Luego vinieron otros 10 años más hasta que pude vivir totalmente de la música", recuerda.
Su música ha tenido una influencia considerable y en muchos casos ha sido objeto de imitaciones flagrantes. "Estoy acostumbrado a la copia. Hace 25 ó 30 años que lo vienen haciendo, sobre todo en música de películas. Quizás sucede porque las composiciones que hacía en mis inicios eran muy fáciles de copiar y todo el mundo lo hacía", sostiene.
Sobre la música de películas tiene opiniones más encontradas y es el único momento en la conversación en que su ánimo se contraría.
¿Le resulta incómodo trabajar en Hollywood?
Hacer bandas sonoras es un trabajo difícil. Te encuentras con una situación paradójica, pues en Hollywood hay gente increíblemente talentosa (directores, guionistas, directores de fotografía), pero al final es el mercado el que decide si tu soundtrack sirve o no. Y esto significa tener que dialogar con tipos que no tienen la mínima idea de lo que es música y que te dicen cómo escribirla. ¡Una locura! De mis 30 composiciones para el cine, sólo rescataría 10. Eso sí, en ese grupo están mis colaboraciones con Martin Scorsese (Kundun), Paul Schrader (Mishima), Peter Weir (The Truman Show), Stephen Daldry (Las horas) o Errol Morris (Niebla de guerra). Pero es una constante y siempre los grandes compositores que crearon para el cine tuvieron el mismo problema, desde Sergei Prokofiev hasta Leonard Bernstein.
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